EL
FUTBOL MODERNO
Hace
años, cuando a Ángel María Villar un periodista del Canal + le
preguntó por qué al fútbol le llamaba furgol, este
contestó algo mosqueado: "Yo no hago eso. Yo al furgol, le
llamó furgol. Furgol entonces. Furgol
moerno.
El furgol
moerno baja ahora con aguas turbulentas y tiene agitado al
mundo deportivo. Y es que los clubs más poderosos del planeta han
decidido crear una Superliga (¡tachán!), y el Coliseo del
entretenimiento tiembla como sometido a un seísmo de esos que
destrozan la escala Richter.
El
presidente de la UEFA, princeps senatus del furgol moerno, ve
como se le escapa la gallina de los huevos de oro, y proclama
amenazas y crucifixiones por los cuatro estadios. La práctica
totalidad de los clubs no invitados se sienten expulsados del
Broadway de este espectáculo, y los pequeños ven cómo cambia su
papel de actor de reparto a mero figurante, si no directamente a
despedidos de esta fastuosa compañía.
Y
todo esto ¿por qué ocurre? Pues naturalmente, por dinero. Como todo
en el mundo de los negocios.
A
saber: el furgol moerno es el entretenimiento
preferido y mueve por ello una cantidad desorbitada de dinero.
Mientras la UEFA regaba generosamente con lo recaudado a los clubs
que más dinero generan, todos estaban más o menos contentos. Les
salían las cuentas, hacían sus fichajes de relumbrón en agosto y
vendían más camisetas que el Primark en unas rebajas. Pero ahora
con la pandemia, la correspondiente crisis y la ausencia de taquilla,
los clubs ven desestabilizados sus presupuestos con enormes pérdidas,
y han pensado quedarse con todo el pastel; es decir, adueñarse de la
saca de millones que la UEFA hacía suya por rascarse el suspensorio
en el banquillo.
Ya
no necesitan su tutela (ni tutías que dijera Fraga) y
hacen suyos todos los beneficios que genera este negocio, siendo
además ellos mismos quienes negociarán con los inversores del
proyecto las cantidades a percibir.
¿Hay
alguien por ahí que no haría lo mismo en su lugar?
De
hecho, este proyecto ya está probado en el baloncesto y funciona. La
Euroliga y la NBA son magníficos ejemplos. La rentabilidad de estas
competiciones es un éxito, y no por ello se ha socavado la afición
a este deporte.
De
modo que hasta aquí todo parece razonable. Evidentemente, viéndolo
desde el prisma de los ricos y poderosos.
Pero
a muchos aficionados del fútbol estas cosas del furgol
moerno parece que no les agradan. Seguramente porque sus
aficiones están con los clubs excluidos y temen la ruina que se les
viene encima, y así tachan a la élite de insolidarios y
prepotentes, lamentando con ello que el Steaua de Bucarest no pueda
ya revalidar su título del 86.
Internet
arde como la ciudad de Troya, y se hacen memes de Florentino poniendo
su cabeza en la pica del poderoso cuerpo de Thanos.
Y
es que a estos aficionados les gustaba el fútbol de antes. El fútbol
sin purpurina, pero con épica, donde los jugadores carecían de
estilista, compartían espinilleras y a falta de talento chutaban la
pelota con el alma. Aquel deporte en el que los camilleros corrían
por las calvas del césped, donde llovían almohadillas y cabezas de
cochinillo, donde los árbitros una mala tarde se jugaban el pellejo
y en las trincheras de los banquillos los entrenadores fumaban más
que un testigo falso.
Aquello
sí que era fútbol, fútbol con cojones, futbol en abierto, y no
esta modernidad de furgol de pago practicado por
atletas con aspecto de Adonis y más dibujos y caracteres en la piel
que la libreta de un loco. Aquel era el fútbol de las tanganas, de
las peñas y los hinchas, de las bengalas y las invasiones de campo,
el que nutría cientos de titulares con la gresca continua de sus
excéntricos presidentes, el fútbol que, para la moerna Superliga,
se convertirá en el fútbol de los feos y los pobres.
Porque
al fin y al cabo a eso se reduce este debate. El furgol ya
no es un deporte, sino un negocio, y a los pobres, como no les
alcanza ser ricos, les gustaría democratizar su pobreza para que
estos, solidariamente, pasasen por sus mismas penurias y
dificultades.
Lo
mismo que les pasa a los feos. Por eso todos odian a Cristiano y
llamaban maricón a Beckham. Porque se ven como Ribery o Ronaldinho
mordiendo limones, y en su infortunio van y les meten este gol por la
escuadra sin esperanza de que lo revise el VAR.
Adiós
al sueño dorado de fichar un día a Messi o Mbappé.
Para
todos ellos, se apagó la ilusión de escuchar un día en su estadio,
el himno de la Champions.
Málaga,
20 de Abril de 2021
EL
GRAN ALF-ALFONSO ZM