HOLOCAUSTO
Una
de las primeras novelas que leí fue Holocausto, de Gerald Green.
Alguien en casa compró el libro, en el cual se inspiraba la serie de
televisión de finales de los setenta que tanto éxito había tenido.
La leí de un tirón unas vacaciones en la playa, a mediados de los
ochenta, con catorce o quince años, y recuerdo que me impresionó
sobremanera. Prácticamente no tenía nociones de historia, no tenía
el adecuado enfoque para meter en un contexto lo que la novela
contaba, pero la crueldad de lo que allí se narraba, el genocidio
nazi hacia los judíos, me impresionó hasta tal punto que su
recuerdo se quedó conmigo.
Aquel
libro naturalmente se perdió, y desde hace años buscaba, sin éxito,
otro ejemplar por las librerías de segunda mano. La magia de
internet hizo posible que por medio del portal IBERLIBRO encontrase
una tienda que tenía un ejemplar disponible: la edición del círculo
de lectores, en tapa dura y perfecto estado.
La
novela de Green cuenta la terrible historia del exterminio judío a
través de dos familias, la de un médico judío berlinés y la de un
joven alemán paciente suyo que acabará siendo un jefe de las SS.
Muy recomendable. Pero más allá del atractivo histórico y
sociológico de la propia novela, están los concisos datos que en
ella se revelan. Datos que por increíbles he tenido que comprobar en
la red y que he ido completando con otros a cada cual más
sorprendentes.
Como
siniestras curiosidades:
El
traje de la SS fue diseñado por Hugo Boss, la firma alemana de moda
cuyo fundador, tras declararse en bancarrota debido a la depresión
económica, se convirtió en miembro del partido nazi. Él fue el
proveedor de uniformes del Tercer Reich ganando con ello una fortuna.
Los trabajadores de su fábrica eran en su mayoría prisioneros de
los países ocupados condenados a trabajos forzados.
El
Volkswagen Escarabajo fue diseñado por Ferdinand Porsche a petición
de Adolf Hitler, el cual incluso participó en sus formas. Un coche
para el pueblo, un Volks-Wagen al que Hitler llamó Fuerza
a través de la alegría como parte del programa nazi que se
dedicaba a organizar y vigilar el tiempo libre de la población
alemana.
Durante
La Segunda Guerra Mundial, la multinacional COCA-COLA hizo negocio a
ambos lados del Atlántico. Su producto estrella era consumido por
los soldados americanos a un precio muy asequible, y al otro, su
departamento en Alemania lanzó un nuevo producto exclusivo para la
Alemania nazi que tuvo gran aceptación: la FANTA, nombre derivado de
Fantasie (Fantasía en alemán). Mientras el ejercito alemán
era destruido en Rusia, y en el gueto de Varsovia eran asesinados los
últimos 40.000 judíos del medio millón que hubo allí internados,
en Alemania se bebían tres millones de botellas de FANTA, a veces
como sustitutivo del escaso azúcar
La
máquina para computar judíos fue desarrollada por la multinacional
informática IBM. Mediante unas tarjetas perforadas fabricadas en
Estados Unidos, a las cuales se añadía una clave, el régimen de
Hitler pudo identificar y clasificar a los millones de victimas que
murieron en los campos de exterminio. Según el libro IBM y el
Holocausto, los directivos de la empresa americana sabían
perfectamente cual era su uso en Alemania. La filial alemana de Kodak
también tuvo barra libre para emplear como trabajadores esclavos a
los prisioneros de los campos de exterminio.
Las
cámaras de gas de Auschwitz fueron construidas por la multinacional
Siemens, la cual utilizó como mano de obra el trabajo forzado de los
propios judíos a los que después asesinarían. El gas Zyklon B que
salía por las falsas duchas (un pesticida a base de cianuro) fue
fabricado por la compañía química I.G. Farben, un conglomerado de
empresas que era la unión de la farmacéutica Bayer, BASF y otras
compañías. En Auschwitz murieron asesinados un millón cien mil
judíos, a razón de doce mil diarios, personas que eran deportadas
de los guetos de los países ocupados.
Se
estima que el Holocausto nazi supuso el asesinato de seis millones de
judíos, aproximadamente dos tercios de los que residían en Europa.
En total, once millones de personas fueron ejecutadas, un millón de
ellos habrían sido niños. La maquinaria del Holocausto tenía una
red de más de cuarenta mil instalaciones por toda Europa para
confinar y matar a sus víctimas, y contó con la participación
directa de decenas de miles de personas para su planificación y
ejecución. En Babi Yar (Kiev) fueron fusilados en solo dos días
33.771 judios, la mayor masacre en una sola operación llevada a cabo
por la Waffen-SS en colaboración con la policía ucraniana.
¿Ningún
país se dio cuenta ni supo de aquellas atrocidades mientras duró la
guerra? En esos siete años desde La Noche de los Cristales Rotos
ningún medio de comunicación se hizo eco del Holocausto: la BBC
nunca emitió un comunicado a modo de noticia, ni siquiera cuando fue
destruido el gueto de Varsovia en la rebelión de los últimos judíos
vivos, y La Cruz Roja era asombrosamente fácil de engañar. Fue como
si a la comunidad internacional no le importase aquel exterminio sin
precedentes de personas inocentes. La Iglesia católica tuvo también
un papel silente, insensible y de omisión ante el genocidio. Nunca
protestó ante la persecución del pueblo judío, ni atendió ninguna
de las reiteradas peticiones de ayuda de la iglesia polaca. En el
frente ruso los nazis luchaban contra los bolcheviques en lo que
ellos llamaban un servicio a la Cristiandad, y una de las excusas más
manidas con respecto a los judíos era que hacían justicia
persiguiendo al pueblo que había asesinado a Cristo.
Como
dice el autor de la novela en el diario del joven jefe de las SS: Los
actos que estamos cometiendo son de tal magnitud que, aunque serán
imposibles de ocultar, nadie será capaz de creerlo. El mundo se
negará a aceptarlos y esa será nuestra defensa. Es asombrosa la
forma en que aceptan nuestra palabra, confiando en nosotros. Si lo
hacemos bien, es posible que logremos convencer a una gran parte de
la opinión pública de que jamás le hemos tocado siquiera el pelo a
un judío.
Muchas
familias y descendientes de aquellos nazis así lo hicieron. La
comunidad internacional, cerrando los ojos, contribuyó al engaño.
Málaga, 31 de julio de 2018
EL GRAN ALF-ALFONZO ZM